Después de terminar la endodoncia, me tomaron un molde para una corona. Estaba anestesiado, así que apenas me dolió, pero sentí un poco de dolor cuando me insertaron el hilo en las encías para hacer la impresión. Mientras el material fraguaba, me salpicé, así que lo limpié con un pañuelo de papel y me senté. Tardó unos cinco minutos en fraguar, pero después de dos impresiones me dijeron que estaba bien. Me dieron breves explicaciones y me advirtieron que podría doler y que estaría rígido, lo que me ayudó a prepararme. Fue frustrante no saber qué estaba pasando porque no podía ver, pero no podía hacer nada. Creo que eso es lo que hace que el dentista me dé tanto miedo. Todo el procedimiento duró aproximadamente una hora y media, pero al terminar, sentí que había escapado del infierno. No fue nada especial, pero los nervios y el miedo a lo desconocido me agobiaron, haciéndome sentir como si estuviera perdiendo todas mis fuerzas. La amabilidad del personal me conmovió profundamente. Tengo suerte de haber encontrado una gran clínica dental cerca de casa.