El tatuaje en mi muñeca me molestaba cada vez más, así que decidí quitármelo y fui a una clínica. Había pedido cita; después de registrarme y rellenar un cuestionario médico, esperé un rato antes de que me acompañaran a la sala de consulta. Primero comprobaron el tamaño, el color y la profundidad del tatuaje y me explicaron cuántas sesiones de láser serían necesarias. Comprendí la realidad de la situación cuando me dijeron que no desaparecería en una sola sesión, sino que requeriría varias. El día del procedimiento, primero se desinfectó a fondo la zona de tratamiento y se aplicó crema anestésica, seguida de un periodo de espera. Después, pasé a la sala de láser para que comenzara el procedimiento; sentí una sensación de escozor intermitente, como si me hubieran dado un pellizco con una goma elástica. No fue completamente indoloro, pero era soportable, y me sentí menos nerviosa porque el personal me revisaba periódicamente para asegurarse de que estaba bien. El procedimiento duró menos de lo que esperaba, y al terminar, me aplicaron inmediatamente una compresa fría para aliviar la piel. Inmediatamente después, la zona se sentía roja y ligeramente hinchada, pero no me preocupé demasiado, ya que me explicaron que era una reacción normal. También recibí instrucciones detalladas sobre los cuidados posteriores, como la forma de aplicar la pomada, cuándo evitar el contacto con el agua y la protección solar.