Por alguna razón, me salió una cicatriz profunda en la frente. No se disimula ni con maquillaje, y como la gente me preguntaba qué me pasaba, me molestaba, así que fui a la Clínica Dermatológica Católica. Este lugar es famoso por tener un médico que ejerce con dedicación y ofrece consultas sinceras, pero también es conocido por tener listas de espera larguísimas.
El médico no recomendó el tratamiento con láser, así que no recibí ningún tratamiento en ese momento. Todavía no puedo olvidar al médico, que era tan cercano como un tío del barrio.