Hace dos semanas, de repente, tuve fiebre alta de más de 38 grados Celsius, tos intensa y flema verde. Acudí a otra clínica de otorrinolaringología cerca de mi casa para recibir tratamiento, pero no mejoró, así que me trasladaron aquí. Les comenté que tenía diarrea frecuente, quizá porque tomaba antibióticos constantemente, y enseguida me cambiaron a otro antibiótico. Me revisaron la nariz y la boca y me rociaron con desinfectante. Después del tratamiento, recibí terapia respiratoria y sueros intravenosos para bajar la fiebre. Sorprendentemente, la fiebre alta, que había sido persistente, bajó drásticamente la noche después de los sueros intravenosos. La flema verde disminuyó gradualmente, y mi tos también. De ahora en adelante, pienso quedarme aquí.