Mi madre acudió a la clínica por dolor de rodilla. Aunque llegamos temprano, había mucha gente. Decía que le dolía cada vez que caminaba, describiendo los dolores agudos y punzantes como difíciles de soportar. Nos registramos y esperamos en la sala de espera, que era espaciosa, lo que nos permitió esperar cómodamente. El médico la examinó y recomendó una radiografía, pero la persona que la realizaba no parecía muy contenta, quizás porque estaba pasando por un mal momento. Tras esperar la radiografía, el médico la examinó y, afortunadamente, dijo que no había nada malo en el hueso. Luego fuimos a la sala de fisioterapia para recibir tratamiento, y la enfermera fue muy amable con nosotros. El médico le recetó vitamina D. Aunque el médico parecía un poco reservado, nos brindó una atención muy completa.