Fui con mi familia Siempre me estresaba tener los dientes amarillos, ¡así que me armé de valor para ir! Estaba preocupada porque había oído que blanquearse implica mucho trabajo manual, pero después, mis dientes quedaron dos tonos más blancos, así que estoy muy satisfecha. Antes del blanqueamiento, el dentista me enjuagó las encías con agua y, como no usaron herramientas afiladas para retirarlas, fue cómodo e indoloro. También me revisaron los dientes con atención y me hablaron de hábitos que desconocía, como "¿Rechinas los dientes?", y me enseñaron a corregirlos. Al salir, vi dos máquinas grandes en medio del vestíbulo, así que pregunté por ellas por curiosidad. Me dijeron que eran máquinas para hacer coronas e incrustaciones. Dijeron que era posible el tratamiento el mismo día. Pensé que sería muy útil para oficinistas con tanto trabajo como yo. Sobre todo, ¡el efecto blanqueador es tan notable que estoy muy satisfecha! ¡Muy recomendable!