Acudí al médico porque mis hombros se habían vuelto rígidos como piedras por pasar tanto tiempo sentado frente a la computadora en el trabajo. Cada vez que levantaba el brazo, sentía una rigidez constante y un hormigueo que me incomodaba la vida diaria. Sin embargo, durante la consulta, el médico escuchó atentamente lo que me molestaba y examinó a fondo el estado de mis hombros y cuello. Antes de comenzar la fisioterapia, me explicó mi estado muscular actual y la causa del dolor de forma clara y sencilla, lo que me ayudó a comprender mejor. El tratamiento progresó de terapia de masaje a terapia eléctrica y terapia manual. El tratamiento se centró específicamente en las zonas rígidas y las aflojó, y mi hombro se sintió mucho mejor después. Durante el tratamiento, el terapeuta revisó continuamente si la intensidad era la adecuada e incluso me enseñó técnicas de estiramiento que podía hacer en casa, lo cual fue de gran ayuda para controlar mi condición. Incluso después de una sola sesión, mi dolor se redujo tanto que me preguntaba por qué no había vuelto antes. Espero que el tratamiento continuo solo mejore las cosas.