Nunca olvidaré la experiencia de recibir tratamiento por una fractura en una clínica ortopédica. Me caí haciendo ejercicio y sufrí un fuerte impacto en la muñeca. Al principio, pensé que era solo un esguince. Sin embargo, con el tiempo, se inflamó y me dolía cada vez más con cada movimiento, así que fui al hospital con mis padres. Una radiografía reveló, para mi sorpresa, que no era una grieta, sino una fractura completa. El médico me explicó la condición y dijo que necesitaría una escayola. Mientras la tuve puesta, fue incómoda, incluso al lavarme, pero mis amigos se preocuparon y me ayudaron, lo que me dio fuerzas. Mientras recibía tratamiento, me di cuenta de que necesitaba ser más cuidadosa y de que los huesos tardan mucho en sanar. Me he recuperado mucho ahora, pero creo que ese dolor me enseñó la importancia de la seguridad.