Un día, la uña del dedo gordo del pie izquierdo empezó a dolerme de repente, y al mirarla, vi pus. Fui a una clínica quirúrgica cerca de mi casa, me pusieron anestesia y me drenaron el pus. La inyección fue tan dolorosa que sentí como si me estuvieran torturando con una aguja clavada debajo de la uña. Luego la desinfectaron... Pasó un mes, y aunque ya no se formaba pus, el dolor en la uña del dedo gordo no desaparecía. La clínica sugirió la extirpación quirúrgica, pero no quería ponerme otra anestesia. Buscando en internet tratamientos no quirúrgicos para la uña encarnada, descubrí que la Clínica Quirúrgica Plus U estaba a solo 5 minutos de mi oficina. Pensé que era el destino. Me negué rotundamente a ponerme otra inyección, así que mi elección fue acertada, y afortunadamente, me trataron bien. ¡El doctor es el mejor!