Cada vez que subía o bajaba las escaleras, me dolían tanto las rodillas que la vida diaria se volvía cada vez más difícil. Además, al ponerme de pie después de estar sentado durante mucho tiempo, sentía rigidez, y el dolor nocturno me impedía dormir. Finalmente, no pude soportarlo más y fui a un cirujano ortopédico. El director examinó mi estado a fondo y me explicó todo de forma clara y sencilla, lo que me tranquilizó. Tras una radiografía, me diagnosticaron inflamación de rodilla y debilidad muscular, y comencé fisioterapia y medicación. Tras varias sesiones, la inflamación disminuyó y el dolor se redujo notablemente. Lo más importante es que el personal fue amable, lo que hizo que ir al hospital fuera menos estresante. Creo que con una atención constante, las cosas mejorarán.