Me quedé en shock esta mañana al despertar y encontrarme el blanco del segundo ojo rojo e inyectado en sangre, como si se me hubiera reventado un vaso sanguíneo. Tenía secreción y no dejaba de frotárselo porque le picaba. Si fuera algo como conjuntivitis, estaría en serios problemas porque no podría llevarlo a la guardería. Pedí cita de última hora con un oftalmólogo y fui. El director Kim Jin-hyung examinó al niño, y cuando este se asustó y lloró, lo consoló con ternura diciéndole: "No tengo miedo en absoluto", y lo examinó a fondo. Dijo que no se trataba de una enfermedad infecciosa, sino de algo que parecía haberse contagiado. ¡Uf! Recibí un breve tratamiento de infrarrojos y una receta para dos gotas para los ojos. Al principio dudé un poco, pero luego me di cuenta de que llevaba poco tiempo abierto, así que el interior era tan bonito y acogedor como un café. Lo mejor de todo es que reservé y pude entrar enseguida sin apenas esperar, lo cual fue genial.