Mi hijo tenía fiebre y la voz ronca, así que fui al hospital. Estaba ansiosa, preguntándome si sería gripe, pero por suerte, no había muchos pacientes, así que pude ver al médico de inmediato. Necesitaba una prueba de gripe, así que me la hice, y los resultados fueron, como era de esperar, gripe. Era del tipo B, que está muy de moda últimamente. Mi hijo tenía tanto miedo de que le pusieran vacunas que se negaba constantemente, y estuve a punto de darme por vencida. Sin embargo, las enfermeras fueron muy buenas tranquilizándolo y reconfortándolo, y enseguida se tranquilizó y recibió la inyección. Les agradecí mucho que se esforzaran al máximo para asegurarse de que no hubiera errores, a la vez que eran considerados con la madre de mi hijo. Gracias a ellas, pude recibir las vacunas con éxito.