Al acercarse las fiestas, sentí una punzada de inquietud y una ansiedad inexplicable que me impedía dormir. Ya había experimentado algo similar antes, así que esta vez decidí buscar terapia con antelación. En lugar de restarle importancia al estrés de las fiestas, me preguntaron con calma sobre mis relaciones familiares y mis cambios emocionales recientes, lo que me tranquilizó.
Durante la terapia, me explicaron que era una reacción temporal al estrés, pero que mi ansiedad seguía siendo algo alta. El tratamiento incluía un ansiolítico de dosis baja que podía proporcionarme un alivio a corto plazo. También me proporcionaron técnicas de respiración específicas y reentrenamiento cognitivo que podía aplicar inmediatamente cuando mi ansiedad se intensificaba. Me preocupaba la medicación, pero me explicaron claramente los riesgos de la dependencia y la duración del consumo, lo que me tranquilizó.
El ambiente del hospital era tranquilo y se mantenía la privacidad, lo que me hizo sentir cómoda. Sobre todo, agradecí que el personal no se limitara a decir: "Sigamos adelante con estas fiestas", sino que me ayudara a gestionar situaciones similares en el futuro. Después de unos días de tomar la medicación, la opresión en el pecho se redujo significativamente y dormía mucho mejor.