Llevaba más de una semana con dolor de cabeza, e incluso los analgésicos solo me ayudaban por poco tiempo, así que fui al médico preocupada. Pensé que era un simple dolor de cabeza por cansancio, pero el dolor, sobre todo al despertarme por la mañana y por la tarde, era tan intenso que me dificultaba la vida diaria.
En la consulta, el director me preguntó con mucho cuidado sobre la naturaleza de mi dolor de cabeza, su ubicación e incluso los síntomas acompañantes. Inmediatamente me realizó un examen neurológico y una tomografía computarizada, lo que calmó mucho mi ansiedad. Por suerte, me dijeron que no tenía ningún problema grave y que se debía a cefaleas tensionales y tensión muscular cervical. Me lo explicó de forma sencilla, lo que facilitó la comprensión.
El tratamiento incluyó inyecciones nerviosas para aliviar el dolor de cabeza y fisioterapia para relajar los músculos del cuello y los hombros. Las inyecciones eran leves y tolerables. Después del tratamiento, la presión en la cabeza disminuyó gradualmente y me sentí mucho más relajado. Sobre todo, confiaba en este hospital porque solo me brindaban atención esencial, evitando pruebas innecesarias o tratamientos excesivos.
Al día siguiente, la frecuencia de mis dolores de cabeza disminuyó significativamente y, después de unos tres o cuatro días, me recuperé lo suficiente como para retomar mi vida normal sin problemas. Estuve muy satisfecho con el tratamiento, que incluso incluyó ejercicios de estiramiento y consejos para mejorar mi estilo de vida para prevenir las recurrencias.