Mi hija de 23 meses se frotaba los ojos y tenía mocos desde que tocó un gato, así que me preocupaba que tuviera alergias, así que fui a visitarla. En cuanto entré en la clínica, el ambiente del hospital fue muy agradable, lo que hizo que mi hija se sintiera a gusto. El director, con calma, le preguntó cuándo habían comenzado sus síntomas y con qué frecuencia había estado expuesta a gatos, explicándole todo de forma fácil de entender para los padres.
El médico diagnosticó a mi hijo con una alta probabilidad de alergia a los gatos y recomendó un tratamiento antihistamínico, indicando que querían centrarse en abordar los síntomas de inmediato. Ajustó cuidadosamente la dosis a la edad de mi hijo y me advirtió de posibles efectos secundarios, como somnolencia, lo cual me tranquilizó. También me dio instrucciones detalladas sobre cómo administrar el medicamento, facilitando su administración en casa. Después de unos dos días de administrarlo, el picor de ojos disminuyó notablemente y la secreción nasal mejoró notablemente.