Después del accidente de coche, me dijeron que no tenía lesiones graves, así que no me lo tomé en serio. Sin embargo, con el tiempo, el dolor desde la zona lumbar hasta el hombro persistió, y terminé consultando de nuevo con un traumatólogo. En particular, al despertarme por la mañana, tenía la zona lumbar rígida y una sensación de tirón que me llegaba hasta el hombro, lo que me dificultaba la vida diaria. Desde la primera cita, me preguntaron a fondo sobre las circunstancias del accidente, cuándo empezó el dolor e incluso sobre las posturas incómodas que estaba adoptando. Esto me dio confianza.
Mediante radiografías y ecografías, me dijeron que no se trataba de un simple dolor muscular, sino de una distensión muscular y ligamentosa causada por las secuelas de un accidente. Los diagramas adjuntos explicaban el dolor, haciéndolo fácil de entender. El tratamiento consistió en una combinación de medicamentos, fisioterapia y terapia manual. La terapia manual, en particular, se centró en equilibrar la zona que conecta la cintura con los hombros, en lugar de simplemente aplicar presión. Después, me sentí notablemente más ligero.
Con cada tratamiento, la intensidad del dolor disminuyó gradualmente y, después de unas dos semanas, también disminuyó la cantidad de despertares nocturnos. La mayor diferencia con otros hospitales fue que, en lugar de simplemente recomendar un tratamiento a largo plazo, ajustaron la frecuencia según mi recuperación. Ofrecieron solo el tratamiento adecuado para mi condición actual, sin pruebas innecesarias ni procedimientos excesivos, así que pude acudir sin ninguna presión.