Mi hijo tenía un moqueo y congestión nasal persistentes que lo mantenían despierto por la noche, así que fui al pediatra. Me preocupaba que su rinitis hubiera empeorado, pero en cuanto entré en la consulta, me hizo sentir cómoda, lo que realmente calmó mi ansiedad. Le examinó la nariz y me hizo preguntas detalladas sobre sus síntomas, incluyendo cuánto tiempo llevaban presentes, si empeoraban con las estaciones y cómo era mi entorno familiar. Me explicó los síntomas paso a paso, ya fuera un simple resfriado o una rinitis alérgica, lo que facilitó la comprensión.
El médico me recomendó que la medicación para el alivio inmediato de los síntomas, combinada con irrigación nasal, facilitaría la recuperación. Me explicó la dosis detalladamente, adaptada a la edad de mi hijo, e incluso me advirtió sobre posibles efectos secundarios como la somnolencia, lo cual me tranquilizó. También me dio consejos sobre cómo irrigarme la nariz en casa y sobre cómo mejorar mi estilo de vida, que me resultaron increíblemente útiles. Después de unos días, mi hijo empezó a respirar con más facilidad, lo cual fue una gran ventaja.
Lo que encuentro mejor de este hospital que de otros es que realmente respetan a los niños como pacientes. No apresuran el tratamiento e incluso brindan explicaciones detalladas a los padres, lo que genera confianza. Este es el departamento de pediatría y medicina adolescente que recomendaría a cualquiera que tenga problemas con la rinitis de su hijo.