Esta fue mi primera visita a una clínica de otorrinolaringología, ¡y el tratamiento superó con creces mis expectativas! El director fue increíblemente amable y me escuchó atentamente, asintiendo mientras le describía mis síntomas. Mencioné dolor de garganta, congestión nasal, dolor de oído e incluso algún que otro dolor de cabeza. En lugar de restarle importancia, empezó a hacer preguntas detalladas sobre cada problema.
Inmediatamente me realizó una endoscopia y, mientras me mostraba la pantalla, dijo: «Tengo la mucosa inflamada por rinitis y el tabique nasal está ligeramente desviado, lo que impide el flujo de aire. Esto provoca que la presión llegue a los oídos». Incluso me tomó una foto para mostrármela. La explicación de la afección fue tan detallada que la entendí por completo.
El tratamiento no se limitó a recetarme medicamentos. También me dio información detallada sobre mis hábitos alimenticios, mi postura al dormir e incluso técnicas de irrigación salina que podía usar en casa. Además, me explicó amablemente cuándo tomar mi medicación y a qué efectos secundarios debía prestar atención. La consulta duró casi 15 minutos, pero no tenía prisa, tomándose su tiempo para acompañarme hasta el final. ¿Consultas de tres minutos? Este no es el tipo de lugar.