La harina y los carbohidratos refinados causan obesidad
Los carbohidratos refinados como la harina y el azúcar tienen un índice glucémico alto, lo que facilita la obesidad. El índice glucémico se refiere a la medida en que los carbohidratos en los alimentos elevan los niveles de glucosa en la sangre. Cuando se consumen alimentos con un índice glucémico alto, los niveles de glucosa en la sangre aumentan de manera repentina, y para controlarlo, se libera insulina de forma rápida. Esto provoca una disminución rápida de la glucosa en la sangre, lo que hace que nuestro cuerpo sienta hambre y vuelva a tener apetito, pudiendo llevar a comer en exceso. La insulina secretada en el cuerpo almacena la glucosa elevada en las células grasas, lo que conduce a la obesidad.
Si bebes alcohol, aumentan las grasas abdominales
El consumo de alcohol es el principal culpable de la grasa abdominal. Las calorías del alcohol son aproximadamente 7 kcal por gramo, lo cual es más que las 4 kcal por gramo de los carbohidratos. El alcohol es un nutriente innecesario en el cuerpo, por lo que se utiliza primero como fuente de energía en comparación con otros nutrientes como los carbohidratos y las proteínas. Esto hace que no aumente la sensación de saciedad, lo que impide que el sistema de señalización indique que ya no es necesario consumir más nutrientes. Como resultado, tendemos a consumir más alimentos, como aperitivos, que contienen otros nutrientes. Dado que ya hay suficiente energía proveniente del alcohol, los nutrientes consumidos posteriormente se convierten en calorías excedentes que se almacenan en las células grasas. Además, el alcohol estimula la secreción de una hormona llamada cortisol, que actúa sobre enzimas específicas en las células grasas para inhibir la lipólisis. En particular, las células grasas del abdomen reaccionan bien al cortisol, por lo que beber alcohol facilita el aumento de grasa en la zona abdominal.
Beber agua ayuda a perder peso
El agua constituye entre el 45% y el 74% del peso corporal. Es fundamental que el cuerpo tenga suficiente agua para evitar que la glucosa se convierta en grasa en el hígado, permitiendo que el hígado utilice la grasa corporal como fuente de energía y facilitando una pérdida de peso efectiva. El agua pasa por la boca, la garganta, el esófago, el estómago, el intestino delgado y el colon, siendo absorbida por el cuerpo en el proceso, lo que ayuda a mantener en buen funcionamiento las funciones de cada órgano. Circula por todo el cuerpo, promoviendo un metabolismo saludable. Beber agua con frecuencia ayuda a eliminar las toxinas del cuerpo de manera eficiente y, además, el proceso de digerir el agua quema calorías, siendo efectivo para reducir peso. Además, la sensación de saciedad que se genera después de beber agua ayuda a suprimir el apetito.