Me preocupaban constantemente las cicatrices que tenía en la cara por mi acné anterior, y finalmente decidí que me las tratara un dermatólogo. El maquillaje no las disimulaba bien, y se notaban aún más bajo la luz intensa, lo cual era bastante estresante. Durante mi primera consulta, examinó a fondo el estado de mi piel y recomendó un tratamiento láser para cicatrices según la profundidad y la forma de las mismas. Me explicó con sinceridad que, en lugar de esperar resultados espectaculares de una sola vez, el tratamiento mejoraría gradualmente a lo largo de varias sesiones, lo que me dio aún más confianza. Me administraron una cantidad generosa de crema anestésica antes del procedimiento, así que el dolor no fue tan intenso como esperaba. Sentí un ligero escozor, pero soportable. El procedimiento no duró mucho, así que no fue una molestia. El procedimiento en sí fue cómodo e indoloro.