Visité una clínica pediátrica dirigida por un abuelo que ejerce la medicina en mi barrio desde hace mucho tiempo. Me impresionó cómo el médico, que hablaba despacio y a la altura de los ojos de mi hijo, relajaba la tensión y sonreía para aliviarla. No apresuró la consulta, sino que revisó cuidadosamente cada síntoma y explicó todo de forma fácil de entender para los padres, lo que me dio confianza. También aprecié que solo recetara los medicamentos necesarios, evitando los innecesarios. Si bien el hospital es antiguo y no cuenta con las instalaciones más modernas, la experiencia y los conocimientos que aporta a la clínica me tranquilizaron mucho. Siempre que mi hijo se enferma, a menudo siento ansiedad por ir al hospital, pero esta clínica pediátrica me tranquiliza cada vez que la visito. Puedo ver de primera mano por qué la comunidad local adora esta clínica desde hace tanto tiempo, y quiero seguir confiando en ella como el médico de cabecera de mi hijo.