Fui al dentista porque me preocupaba el amarilleo general de mis dientes. Como bebo mucho café, primero consulté para ver si era posible blanquearlos. En lugar de simplemente recomendarme el procedimiento, el dentista examinó a fondo el color actual de mis dientes y la causa subyacente de las manchas, lo que me dio confianza. Me mostró fotos de mi boca y una tabla comparativa de colores, y me explicó cómo los efectos del blanqueamiento varían según mi estilo de vida, lo cual fue fácil de entender.
Después de la consulta, me rasparon los dientes, me aplicaron un protector de encías y finalmente me hicieron un blanqueamiento profesional. Sentí un ligero hormigueo durante el procedimiento, pero el personal controló constantemente mi progreso, así que no fue muy incómodo. Incluso con el agente blanqueador puesto, controlaron el tiempo con precisión y me mostraron los cambios de color a lo largo del procedimiento, lo que me entusiasmó aún más con los resultados. Después del procedimiento, me miré al espejo y noté que mi tono de piel se había aclarado al menos un tono, algo que noté de inmediato. También me dieron instrucciones prácticas para el cuidado posterior al tratamiento, así que fue fácil de mantener. En general, la atención fue tranquila y meticulosa, lo que me dejó muy satisfecha. Los recomiendo ampliamente si buscas una experiencia de blanqueamiento de aspecto natural.