Me faltaba un diente desde hacía mucho tiempo y me causaba mucha incomodidad cada vez que comía. Sentí que no podía esperar más, así que decidí hacerme un tratamiento de implantes en el dentista. Al principio, estaba nerviosa por la cirugía, pero desde la consulta, el director y el personal fueron increíblemente amables y me explicaron todo, lo que me tranquilizó.
Antes del tratamiento, revisaron minuciosamente mi estado mediante radiografías y tomografías computarizadas, y me explicaron todo detalladamente, incluyendo el proceso del implante, la duración y las precauciones, para que no tuviera ninguna preocupación. También siguieron revisando mi estado el día del procedimiento, por lo que el dolor fue menor del esperado, y me explicaron detalladamente los cuidados postoperatorios.