Mientras trabajaba al aire libre, me golpeé la mandíbula con fuerza contra una estructura. Estaba roja, hinchada y me dolía muchísimo. Pensé que podría tener una fractura, así que corrí a un hospital cercano. No era tan grave como para ir a urgencias, pero era la única clínica ortopédica cercana, así que fui. Resultó ser la única de la zona. Por suerte, no había daño óseo, así que me recetaron un medicamento. Como era un simple hematoma, evitaron antibióticos fuertes e innecesarios y solo me recetaron analgésicos y protectores estomacales. Había pasado por esta clínica de camino al trabajo en alguna ocasión, pero después de experimentar la atención minuciosa del director, entendí por qué sigue funcionando, a diferencia de otras clínicas ortopédicas de la zona.