He tenido goteo y congestión nasal persistentes durante los últimos días, lo que me dificulta la vida diaria, así que fui al hospital. Pensé que era solo un resfriado e intenté ignorarlo, pero los síntomas empeoraron, así que pensé que sería mejor buscar tratamiento antes de que empeorara.
Cuando expliqué mis síntomas detalladamente en la clínica, el director me explicó que se trataba de moqueo y resfriado, y me explicó detalladamente mi estado actual y las precauciones que debía tomar. También me explicó la posibilidad de que se propagara a la garganta o los oídos, lo cual facilitó la comprensión. Además, me aseguró que no tenía que preocuparme innecesariamente, lo cual me tranquilizó.
Tomé la medicación recetada y descansé bastante, y en uno o dos días, mi goteo nasal disminuyó drásticamente y mi congestión nasal también se alivió mucho. Es una sensación refrescante.