Últimamente he estado muy estresada por el acné, así que terminé yendo a un dermatólogo. El ambiente fue más cómodo de lo que pensaba y la consulta fue muy completa, así que mi primera impresión fue buena. Confié en el médico porque analizó mi estado de piel uno por uno y me explicó detalladamente por qué tenía acné y qué debía tener en cuenta en mi vida diaria. Me gustó que no solo recomendara el tratamiento, sino que también me explicara paso a paso qué tipo de cuidado era el adecuado para mi piel. El tratamiento en sí no fue tan doloroso como pensaba. Después de unos días, el enrojecimiento disminuyó gradualmente y noté claramente que los granitos que me estaban saliendo habían disminuido. Solo me ha pasado una vez, pero tengo muchas ganas porque creo que mejorará si sigo cuidándolo.