Tenía un dolor persistente en el pecho y los músculos, además de algunas ampollas, que pensé que podrían ser herpes zóster, así que fui al médico. Como me acababa de mudar aquí, no conocía ningún hospital, así que fui a uno cercano. La doctora escuchó atentamente mis síntomas, examinó las ampollas con detalle y me los explicó amablemente. Fue empática y no se limitó a darme un diagnóstico superficial, sino que me explicó todo con detalle para que no me sintiera agobiada. Tomé la medicación recetada y la situación mejoró rápidamente. Después de unos cinco días, el dolor se redujo significativamente y las ampollas habían remitido y formado costras. Las enfermeras del hospital también fueron muy amables, y creo que de ahora en adelante solo iré a este hospital.