Experimenté síntomas de trastorno de pánico que eran tan difíciles que mi vida diaria se arruinó.
Mi vida diaria se vio sacudida por la aparición repentina de síntomas de trastorno de pánico.
Experimentaba sentimientos recurrentes de asfixia sin motivo alguno y tenía miedo de sufrir síntomas de trastorno de pánico.
A medida que comencé a recibir tratamiento y asesoramiento, comencé a comprender los síntomas del trastorno de pánico poco a poco.
Al principio pensé que era sólo porque estaba estresado.
Cuando entré en un espacio lleno de gente, de repente mi corazón empezó a latir más rápido y mis manos empezaron a sudar.
En ese momento sentí que no podía respirar y pensé que me iba a desplomar allí mismo.
Esa fue la primera vez que pensé en los síntomas del trastorno de pánico.
El problema es que esto no ocurrió sólo una vez.
Una situación similar ocurrió en el ascensor y en el autobús, de repente me sentí mareado y mi corazón empezó a acelerarse.
He estado tan nervioso de que esto pudiera volver a suceder que me he vuelto sensible incluso a los cambios físicos más pequeños.
En esta repetición los síntomas del trastorno de pánico se hicieron cada vez más notorios.
Fui al hospital para una consulta y el médico me explicó que no se trataba de una anomalía física, sino de una condición en la que las reacciones de ansiedad eran excesivas.
Fue sólo después de escucharlo que me di cuenta de que lo que estaba experimentando no era sólo un problema físico.
A medida que recibí asesoramiento y medicación, la intensidad de mis síntomas de trastorno de pánico comenzó a disminuir gradualmente.
Al principio tenía miedo de que volviera, pero después de aprender la técnica de respiración, traté de controlarme cuando aparecía la ansiedad.
Especialmente cuando mi corazón latía aceleradamente, seguía respirando profundamente con calma y recordándome a mí mismo que ésta no era una situación peligrosa.
A medida que repetí ese proceso, incluso cuando tenía síntomas de trastorno de pánico, estos no me provocaron miedo como antes.
Aún no ha desaparecido por completo, pero no detiene la vida como antes.
Esta experiencia me enseñó que los síntomas del trastorno de pánico no son algo que se deba ocultar, sino más bien una condición que se debe controlar.
Incluso ahora, a veces tengo síntomas de trastorno de pánico sin previo aviso, pero ya no me derrumbo como antes.
Me estoy adaptando lentamente y aprendiendo a coexistir con los síntomas de mi trastorno de pánico.