Acudí a una clínica de otorrinolaringología porque tenía la garganta inflamada, ardiendo y dolorida. Cada vez que hablaba, el dolor era insoportable, y el médico examinó minuciosamente mis cuerdas vocales y la laringe con un laringoscopio. Diagnosticó mi ronquera como consecuencia de una laringitis grave y me recetó antiinflamatorios. También me recetó un nebulizador, que mejoró significativamente el estado de mi garganta. Me aconsejó que hablara menos durante un tiempo y me dio instrucciones detalladas sobre cómo controlar la humedad interior, lo cual fue de gran ayuda en mi recuperación. A los pocos días de tomar la medicación, recuperé la voz y el dolor desapareció. Quedé muy satisfecho con el tratamiento, ya que la clínica demostró tanto experiencia como amabilidad.